Prostitutas madrid centro prostitutas en marconi

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Al otro, chisporrotea el fueguito de Aleksandra, que es uno entre cincuenta como los faros de una costa desconocida, oscura, atroz y amenazante. Cada pocos metros se eleva una hoguera en mitad de la noche. Cada fuego alumbra el cuerpo de una mujer. Circulan despacio porque allí siempre es hora punta. Reducen la marcha para ver de cerca la mercancía, lanzan un grito desde la ventanilla, negocian el precio y, poco después, paran a un lado de la carretera.

A través de las ventanillas se adivinan siluetas en diversas posturas, un porno de sombras. Después, ellas bajan y caminan de nuevo sobre una acera tapizada de pañuelos de papel y los coches vuelven a circular.

Se calcula que chicas hacen la calle en Marconi, que es como se conoce al polígono de Villaverde y al de El Gato. Esta es una selva antigua, crecida después de que se desmantelara la Casa de Campo, el tradicional caladero de la prostitución madrileña.

Casi no se las ve. Cada esquina y cada trozo de acera tiene un dueño, un color de piel y un acento distinto. Cada palmo de terreno es un bien codiciado que tiene dueño.

Lo controlan las mafias. En cada puesto se relevan las chicas, que pagan un canon de sus beneficios a los señores feudales de ese asfalto. Algunas mujeres pasean entre ellas, les llevan tabaco y por supuesto, cuentan los clientes y las ganancias.

Su gesto es servil, pero en realidad son la cadena en el tobillo. Los chulos no se dejan ver. Algunos controlan desde las atalayas de los edificios, en habitaciones calientes lejos del frío y de la lluvia. También vigilan a los reporteros desde furgonetas blancas. Uno de ellos, de pronto, recorre la acera a pie camino de ninguna parte para dar su mensaje a las chicas y al periodista: Caderas anchas, pechos asomando tras una red de encaje, pongamos que se llama María.

La conversación tiene lugar al día siguiente camino de la farmacia: La mayor parte de las chicas no pasa del anuncio de su tarifa. Cuesta creer que aquella veinteañera de metro ochenta de las piernas largas y los ojos de hierbabuena, esa mujer que podría estar en una pasarela o bailando de gogó en una discoteca, esa diosa eslava esté allí pasando frío y haciendo sexo dentro de un coche por veinte euros.

Se calcula que son A cuarenta servicios por cabeza, cada día en Marconi sale a Sobre cada par de tacones se erige un edificio quebrado, una historia que salió mal. A Lis se le torció la vida el día en el que la echaron de su trabajo de secretaria en un despacho de abogados de Sao Paulo, en Brasil, y de un golpe se le acabó el dinero para pagarse la carrera de Derecho. En esa mala hora conoció a una chica que le ofreció una solución: Aquella chica fue trabando relaciones de amistad con la gente de Lis y alrededor de ella tejió la tela de araña de la confianza.

Pasó un par de meses sopesando la decisión. Vivían juntas en un piso, pero el trabajo prometido no llegaba. Las reunió en un salón del chalet y, rodeada de cuatro matones, les confesó que ese viaje no era el que habían pensado: Les quitaron el pasaporte.

En ese mismo instante de desconcierto comenzaron las amenazas y las palizas. También les dieron otra noticia: Entonces Lis ya podría añadir a su currículum un trabajo de esclava sexual en una red de trata de blancas. Pese a todo el dinero que ganaría en adelante, nunca darían esa deuda por satisfecha, así que viviría atrapada por las redes criminales.

El peaje que las mafias reclaman a las africanas es mucho mayor: Diversas organizaciones han llegado al consenso de que ocho de cada diez prostitutas de las que trabajan en España se calcula que son En nació en Madrid la Asociación Feminista de Trabajadoras del Sexo que reclama el papel de las mujeres que ejercen libremente.

Las adicciones son comunes entre las mujeres. En agosto encontraron a una de ellas muerta por una sobredosis en el polígono. Ese mismo mes, la Policía encontró el cuerpo de un hombre de 70 años que había fallecido al parecer de un infarto mientras se encontraba consumiendo drogas con una prostituta.

Cuando ven que un vehículo se detiene junto a una mujer, le cortan el paso y le hace detenerse en un lateral. Le piden la documentación y tramitan el correspondiente expediente sancionador. Este es remitido a la Delegación del Gobierno en Madrid, que es la encargada de tramitar la sanción. A veces también se puede sancionar a la mujer, si va desnuda. La cuantía se reduce a la mitad si pagan en el periodo voluntario.

Los agentes aprovechan muchas veces la sanción al conductor para informar a la mujer de que, si es víctima de una red de prostitución o de trata de personas, puede acudir a ellos para denunciarlo. Fuentes de la Brigada de Extranjería reconocen que el trabajo sancionador desciende en los meses de verano, mientras que el resto del año la actividad es constante.

Las tardes sobre todo desde el cierre de las empresas y las noches son los periodos de mayor actividad. Ahí no importa que haga frío. Las mujeres encienden fogatas con palés para ser visibles a sus posibles clientes. Respecto al tipo de cliente, los agentes reconocen que hay de todos los tipos. Respecto al poder adquisitivo, ocurre lo mismo. Tampoco faltan los trabajadores que van con sus furgonetas de trabajo antes de marcharse a sus domicilios. Durante años, tuvieron como competencias las meretrices de las calles de la Montera y la parte trasera de la Gran Vía calles del Desengaño o Ballesta, entre otras , en pleno centro de la capital, y las de la Casa de Campo.

El precio por servicio oscila entre los 15 y los 20 euros. De hecho, es frecuente ver todas las calles de este polígono donde no hay naves plagadas de preservativos usados y de toallitas.

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El peaje que las mafias reclaman a las africanas es mucho mayor: Muchas inmigrantes afincadas en nuestro país que habían abandonado esta forma de vida se han visto obligadas a retomarla a causa de la precariedad económica. Las condiciones en la calle son infrahumanas. Se conoce que es cliente habitual, porque lo reciben casi con honores de jefe de estado. Prostitución en la colonia Marconi Ver vídeo. Al otro, chisporrotea el fueguito de Aleksandra, que es uno entre cincuenta como los faros de una costa desconocida, oscura, atroz y amenazante. Si no nos ayudamos entre nosotros, con lo mal vistos que estamos Los enigmas del chalet de Iglesias: Cada pocos metros se eleva una hoguera en mitad de la noche. De hecho, es frecuente ver todas las calles de este polígono donde no hay naves plagadas de preservativos usados y de toallitas.