Pagando a prostitutas necesidades de las prostitutas

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Tan solo cuatro de cada 10 son solteros. Concretamente por la Iglesia Católica, que en Irlanda, donde se llevó a cabo el estudio, sigue teniendo una gran influencia. En los debates sobre prostitución, el cliente suele ser retratado de manera monolítica. Sin embargo, señalan los autores, aunque pueda haber consumidores así, la simplificación no ayuda a entender las raíces del problema, sobre todo a la hora de tomar decisiones legales sobre la criminalización del trabajo de las prostitutas o la persecución del cliente.

Cuando se piensa que todos los trabajadores sexuales son víctimas, no se puede discutir sobre las diferentes condiciones de trabajo en las que se encuentran. Bob , por ejemplo, es un 'cross desser' al que le gustan las mujeres. Es también el caso de Nick , un cuarentón soltero con gustos peculiares: Nick, por ejemplo, afirma quedarse charlando un buen rato después del acto.

Esa es, finalmente, la conclusión de los investigadores. Aunque casi todas las trabajadoras se han visto en situaciones desagradables, la mayor parte de clientes son capaces de respetar los límites que imponen. Durante años he tenido la oportunidad de practicar gratis. De hecho, entra en la categoría de multitarea. Si pensabas que me estabas haciendo un favor por pagarme por 30 minutos o una hora, te equivocas.

De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo. Podría haber ganado una medalla de oro por fingir. Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. Del lubricante y los condones. Si pensabas que pagabas por lealtad o charlar un rato, debes volver a pensar en ello. No me interesaban tus excusas. O cuando ofrecías cualquier otra patética excusa para comprar sexo. Cuando pensabas que te entendía y que sentía simpatía hacia ti, era todo mentira.

No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. Plantabas las semillas de la duda. Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí. Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable. De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír.

En su lugar, decías lo que necesitabas oír. Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años.

Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído.

Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba. Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años. Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no.

A veces no me quejaba lo suficiente, o simplemente lo ignoraba. Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque solo te preocupan tus necesidades sexuales. Hay parejas que tienen un "trato" privado. No se le permiten emociones que amenacen el matrimonio, debe practicar sexo seguro y usar completa discreción.

Es un adicto sexual y las prostitutas proveen un alivio síquico temporal a hombres con conflictos de culpa y responsabilidad, que piensan que esas relaciones no ponen en riesgo su familia, su carrera ni su seguridad personal. El hombre no siente que tiene que complacer a la prostituta, no la tiene que hacer feliz ni se tiene que preocupar por sus necesidades emocionales ni sus exigencias.

Puede dar o recibir sin la carga de la reciprocidad, ser enteramente egoísta, especialmente agresivo o pasivo y no solo la mujer no se molesta, sino que luce excitada. Él no es responsable por ella de ninguna manera. Se sabe que estas son actuaciones, pero no importa.

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Y no, nunca me excitaste durante el acto. La explotación de mujeres, de niños y niñas se hace posible sólo gracias al cliente, aunque su participación en este asunto aparezca como secundaria, como secuela de un flagelo, como subproducto de una oferta. No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. La jueza que se registró como prostituta Paula Vilella Madrid. Crees que tienes derecho.

Uno no puede meterse en la mente de otras personas, por mucho que lo pretenda. Por eso resultan tan interesantes los testimonios en primera persona que nos ayudan a comprender qué ocurre dentro de la mente de las mujeres que ofrecen sus servicios sexuales.

Un buen ejemplo de ello es el libro ' Prostitution Narratives: Stories of Survival in the Sex Trade ' Spinifex Press , que recoge unos cuantos testimonios en primera persona. La danesa, que actualmente tiene 35 años, trabajó durante tres años como prostituta poco después de cumplir Actualmente es terapeuta y sexóloga. Puede ser que no represente la experiencia de todas las prostitutas, pero merece la pena leer al completo la carta.

Nunca he deseado ir a trabajar, ni siquiera una vez. Y no, nunca me excitaste durante el acto. Era una gran actriz. Durante años he tenido la oportunidad de practicar gratis. De hecho, entra en la categoría de multitarea. Si pensabas que me estabas haciendo un favor por pagarme por 30 minutos o una hora, te equivocas. De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo.

Podría haber ganado una medalla de oro por fingir. Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. Del lubricante y los condones. Si pensabas que pagabas por lealtad o charlar un rato, debes volver a pensar en ello. No me interesaban tus excusas. O cuando ofrecías cualquier otra patética excusa para comprar sexo. Cuando pensabas que te entendía y que sentía simpatía hacia ti, era todo mentira.

No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. Plantabas las semillas de la duda. Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí.

Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable. De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír. Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años. Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado.

Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído. Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba. Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años. Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no.

A veces no me quejaba lo suficiente, o simplemente lo ignoraba. Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque solo te preocupan tus necesidades sexuales. Cuando finalmente te regañaba , y dejaba claro que no te iba a volver a tener como cliente si no respetabas las reglas, me insultabas a mí y mi papel como prostituta. Eras condescendiente, amenazador y maleducado. Cuando compras sexo, eso dice mucho sobre ti, de tu humanidad y tu sexualidad.

En los debates sobre prostitución, el cliente suele ser retratado de manera monolítica. Sin embargo, señalan los autores, aunque pueda haber consumidores así, la simplificación no ayuda a entender las raíces del problema, sobre todo a la hora de tomar decisiones legales sobre la criminalización del trabajo de las prostitutas o la persecución del cliente.

Cuando se piensa que todos los trabajadores sexuales son víctimas, no se puede discutir sobre las diferentes condiciones de trabajo en las que se encuentran. Bob , por ejemplo, es un 'cross desser' al que le gustan las mujeres. Es también el caso de Nick , un cuarentón soltero con gustos peculiares: Nick, por ejemplo, afirma quedarse charlando un buen rato después del acto.

Esa es, finalmente, la conclusión de los investigadores. Aunque casi todas las trabajadoras se han visto en situaciones desagradables, la mayor parte de clientes son capaces de respetar los límites que imponen. En Titania Compañía Editorial, S. Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación.

Alma, Corazón, Vida Viajes. Barnés Contacta al autor. Tiempo de lectura 8 min. Manifestante protesta contra el arresto de los trabajadores sexuales de Rentboy.

La mayor parte de los encuestados acudían a burdeles.